Hace unas semanas asistí a un seminario sobre la gestión del tiempo y entre otras muchas cosas interesantes, se trató la importancia de afrontar con decisión y energía aquellas tareas que más tememos. La idea me sonaba, vagamente recordaba haber leído algo al respecto y hoy, revisando mis lugares de lectura habitual, he encontrado la entrada qe os adjunto: Afronta las tareas que más temes.
Con aquello que tememos hay que ir a degüello
Noviembre 2, 2008 de alfonsolp
En mi opinión el problema está en que para afrontar las tareas que más tememos necesitamos antes tener clara la respuesta a una pregunta:
¿Es una tarea positiva y necesaria -esencial- o una “imposición” externa, social o laboral, a la que nuestro instinto se rebela?
Una vez que tengamos claro que es una tarea imprescindible para nosotros, entonces debemos encontrar la vía que nos permita cumplir el “castigo” a gusto, pues de lo contrario el impulso nos durará unos días o semanas, con la consiguiente fustración final… Y lo de ir acompañado de otros puede convertirse a mediano plazo en una “muleta” que nos haga dependientes de la voluntad ajena.
En el fondo se trata de fortalecer la propia fuerza de voluntad en su más amplia dimensión, como pedían algunos filósofos griegos, lo que resulta complicado al vivir sumergidos, como estamos, en una sociedad cada día mas hedonista.
Se fortalece la fuerza de voluntad con una racional y poco compleja disciplina diaria, y también asumiendo retos que lo exijan todo de nosotros sin esperar nada material a cambio. Por ejemplo: subir a pie un monte de difícil acceso, que nos cueste un esfuerzo supremo, además de constituir un excelente “desintoxicante” ayuda a fortalecer la autoestima y la fuerza de voluntad.
Todos los vencedores, de cualquier signo, han tenido dos puntos en común: una idea bien clara de lo que pretenden alcanzar y la inclaudicable decisión de hacerlo, con independencia del tiempo que lleve conseguirlo o las dificultades que aparezcan en el camino. También, paradójicamente, todos ellos han sabido ser lo suficientemente pragmáticos como para no caer en quimeras… vaya, unos malditos hdp.